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Neuroarquitectura: Cómo los espacios transforman tu cerebro (y tu vida)

  • Writer: Ana Gabriela Duque
    Ana Gabriela Duque
  • Jan 22
  • 9 min read

¿Alguna vez entraste a un lugar y sentiste que algo no encajaba?



Arquitectura contemporánea inspirada en la neurociencia y el bienestar en Ecuador
Arquitectura contemporánea inspirada en la neurociencia y el bienestar en Ecuador

¿Alguna vez entraste a un lugar y sentiste que algo no encajaba?


Tal vez era una oficina que te hacía sentir ansioso, o una sala de espera que te ponía nervioso sin razón aparente.


No estabas imaginando cosas: tu cerebro estaba reaccionando al espacio.

Ana Mombiedro, arquitecta e investigadora pionera en neuroarquitectura, ha dedicado su carrera a descifrar este código invisible. En su libro "Aprendiendo a través del espacio", nos revela algo revolucionario: los espacios que habitamos no solo nos rodean, nos moldean.


Lo que la arquitectura está descubriendo sobre tu bienestar


Algo fascinante está pasando en el mundo del diseño: cada vez más arquitectos están integrando neurociencia en su trabajo.

¿La razón? Porque ahora podemos entender científicamente algo que antes era intuición.


La neuroarquitectura no es una tendencia de diseño ni un estilo arquitectónico más que aparece en revistas. Es una subdisciplina de la neurociencia cognitiva que estudia cómo los espacios construidos influyen directamente en nuestro cerebro, sistema nervioso y emociones. Se centra en comprender cómo percibimos el espacio a través de nuestros sentidos y cómo esa percepción influye en nuestras decisiones, estados de ánimo y bienestar general.


Hablamos de luz natural versus artificial, de la calidad del aire que respiramos, de los materiales que tocamos con las manos o pisamos descalzos. Cada uno de estos elementos envía señales constantes a tu cerebro, activando respuestas que pueden energizarte o agotarte, calmarte o estresarte, inspirarte o bloquearte creativamente.


Un ejemplo revelador


Piensa en esa sala de reuniones donde siempre sales agotado. Probablemente tiene:


  • Luces fluorescentes que parpadean (tu cerebro lo detecta, aunque no lo notes conscientemente)

  • Ventanas que reflejan el sol directamente en las pantallas

  • Paredes duras que hacen rebotar cada sonido

  • Una temperatura que nunca es la correcta


Resultado: Tu cerebro gasta energía extra solo intentando funcionar en ese ambiente. No es que las reuniones sean malas, es que el espacio podría estar diseñado para apoyarte mejor. Y eso es algo que podemos cambiar cuando entendemos cómo funciona.


Los 5 principios fundamentales que cambiarán cómo experimentas los espacios

1. La neuroarquitectura es ciencia, no tendencia


Aquí está la diferencia crucial:


cuando hablamos de neuroarquitectura, no estamos hablando de si tu casa debería ser minimalista o maximalista, contemporánea o clásica. Estamos hablando de cómo tu sistema nervioso procesa el entorno.

Es neurociencia aplicada al diseño. Los investigadores utilizan electroencefalogramas, mediciones de cortisol, seguimiento ocular y otras herramientas para entender qué sucede en tu cerebro cuando entras a diferentes espacios. ¿El techo alto te hace sentir libre o vulnerable? ¿La luz cálida reduce tu ansiedad? ¿El ruido de fondo aumenta tu irritabilidad?

La clave está en diseñar para provocar sensaciones específicas, entendiendo qué estímulos activas y qué sentidos calmas en cada momento.


Por ejemplo, cuando diseñas un espacio de trabajo, no solo piensas en poner un escritorio y una silla ergonómica. Piensas: ¿qué tipo de concentración necesita esta persona? Si es trabajo creativo, tal vez necesita luz natural abundante, vistas a elementos naturales, y cierta libertad de movimiento. (un claro ejemplo son las oficinas de BG Group diseñadas por nosotros) Si es trabajo analítico profundo, quizá necesita menos estímulos visuales, mejor aislamiento acústico, y una temperatura ligeramente más fresca que mantenga el cerebro alerta.


No hay una fórmula única porque cada cerebro es diferente, pero sí hay principios científicos que podemos aplicar para crear espacios que funcionen mejor para más personas.


2. Diseña con sensaciones, no solo con funciones


Este es uno de los cambios de perspectiva más poderosos que propone Ana Mombiedro: deja de pensar en "habitaciones" y empieza a pensar en experiencias emocionales.


En lugar de decir "necesito un comedor", pregúntate: "¿Qué quiero que suceda aquí?". Tal vez lo que realmente necesitas es una zona para comer y compartir donde la familia se conecte al final del día. O quizá necesitas un espacio para comidas tranquilas en soledad donde puedas desayunar con calma antes de empezar el día.


La diferencia no solo es semántica, sino que completamente cómo diseñas:


Un "comedor" tradicional puede tener:


  • Una mesa grande y formal

  • Sillas a juego

  • Iluminación cenital potente

  • Decoración que "se vea bien"


Una "zona para comer y compartir" se diseña pensando en:


  • ¿Qué sentidos queremos activar? (el gusto, obviamente, pero también el tacto de materiales cálidos, la vista de colores que estimulen el apetito, el oído con buena acústica para conversar sin gritar)

  • ¿Qué emociones queremos cultivar? (conexión, calma, alegría)

  • ¿Qué necesidades reales tiene mi familia? (si hay niños pequeños, materiales fáciles de limpiar; si hay personas mayores, asientos con buen soporte lumbar)


Este enfoque permite un


diseño mucho más rico en emociones y verdaderamente adaptado a las necesidades específicas de quienes habitan el espacio.

No estás siguiendo un manual de "cómo debe ser un comedor", estás creando un lugar que funciona para tu vida real.


Lo mismo aplica a cualquier espacio: en lugar de "dormitorio", piensa en "espacio para descanso profundo". En lugar de "sala de estar", considera "zona de reunión y energía" o "refugio de calma" según lo que necesites. La etiqueta limita; la intención libera.


3. Tu percepción sensorial no miente: la suma de estímulos crea la experiencia


Aquí está algo que todos hemos vivido, pero pocos entendemos: la experiencia de un lugar es siempre la combinación de todos los estímulos que tu cerebro está procesando simultáneamente.


Imagina que vas a un restaurante. La comida está deliciosa, pero hay algo que no termina de funcionar. Tal vez es:


  • El ruido constante de la licuadora en la cocina abierta

  • La luz demasiado brillante que rebota en las mesas blancas

  • El aire acondicionado muy fuerte que te hace encoger los hombros

  • La música de fondo a un volumen que te obliga a elevar la voz

  • El olor a productos de limpieza mezclado con el de la comida


Cada uno de estos estímulos, aislado, podría ser manejable. Pero tu cerebro está procesándolos todos al mismo tiempo. Es como tener quince pestañas abiertas en una computadora vieja: eventualmente, el sistema colapsa. Cuando sales del restaurante, empiezas a sentir dolor de cabeza. No fue la comida. Fue la sobrecarga sensorial acumulada que tu sistema nervioso tuvo que procesar durante toda la comida.


Esto es crucial para entender los espacios: no basta con que cada elemento individual esté "bien". Tienes que diseñar pensando en la experiencia sensorial completa.


Ahora, imagina una biblioteca diseñada con neuroarquitectura en mente. Seguramente esta tendrá:


  • Iluminación natural suave complementada con luz cálida artificial

  • Materiales absorbentes de sonido en paredes y techos

  • Temperatura estable y confortable

  • Zonas claramente diferenciadas (silencio absoluto vs. trabajo colaborativo)

  • Aire limpio con renovación constante pero silenciosa

  • Vistas a elementos naturales desde las ventanas


Aquí, cada estímulo está calibrado y la suma total crea una experiencia donde tu cerebro puede enfocarse en lo importante: leer, pensar, aprender. No hay "ruido de fondo" sensorial robando tu energía cognitiva.


4. Las emociones y la arquitectura mantienen un diálogo invisible


Lo que sientes en un espacio nunca es casualidad. Cada decisión de diseño está "hablando" con tu sistema nervioso, aunque no seas consciente de la conversación.

Un espacio bien diseñado no es solo funcional, resuena emocionalmente con las personas que lo habitan. Esto sucede a través de múltiples canales:


Los materiales cuentan historias:


  • La madera cálida te conecta con la naturaleza y transmite calidez

  • El concreto pulido puede sentirse moderno e industrial, o frío e impersonal según el contexto

  • Las textiles suaves invitan al tacto y a la permanencia

  • El metal puede transmitir eficiencia y precisión, o frialdad y distancia


Las texturas envían señales:


  • Una superficie rugosa te mantiene alerta

  • Una pared lisa puede sentirse serena o aburrida

  • La combinación de texturas variadas enriquece la experiencia sensorial


Pero hay algo más sutil y poderoso: los affordances. Este concepto describe las acciones que un entorno sugiere de manera implícita. Un banco no solo "permite" sentarse; su diseño comunica mucho más:


  • Un banco de madera cálida con respaldo curvado dice "quédate un rato, ponte cómodo"

  • Un banco de metal sin respaldo dice "está bien descansar, pero no te quedes mucho"

  • Un banco largo invita a compartir el espacio con extraños

  • Un banco individual marca límites claros de espacio personal


Estas señales afectan tus decisiones y emociones sin que lo notes conscientemente. Un buen diseño utiliza affordances para guiar comportamientos de forma natural: bancos en lugares estratégicos invitan a pausas contemplativas, pasillos anchos sugieren calma, espacios bajos con luz tenue invitan a la intimidad.


Ana Mombiedro enfatiza que este diálogo debe ser intencional. Cada material, cada textura, cada forma está comunicando algo. La pregunta es: ¿es el mensaje que quieres enviar?


5. Volver a las raíces naturales: tu cerebro está diseñado para la naturaleza


Aquí está una verdad incómoda: pasamos el 90% de nuestro tiempo en interiores, pero nuestro cerebro evolucionó durante millones de años al aire libre.


Tenemos una conexión innata con la naturaleza que la arquitectura moderna ha interrumpido.

Esto no es filosofía actual, es biología. Los estudios muestran consistentemente que la exposición a elementos naturales:


  • Reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés)

  • Mejora la capacidad de concentración

  • Acelera la recuperación de pacientes hospitalizados

  • Aumenta la creatividad y resolución de problemas

  • Mejora el estado de ánimo general


La neuroarquitectura busca reintegrar esta conexión a través de diseño biofílico:

Vegetación real dentro de los espacios: No plantas decorativas olvidadas en una esquina, sino vegetación integrada que mejora la calidad del aire y ofrece estímulo visual cambiante.

Paredes verdes, jardines interiores, plantas en zonas estratégicas donde pasas tiempo.


Materiales naturales: Madera real (no laminados), piedra, fibras naturales, arcilla. Estos materiales envejecen con gracia, tienen variaciones únicas, y se sienten diferentes al tacto que sus versiones sintéticas. Tu cerebro reconoce la diferencia, incluso si conscientemente no lo procesas.


Grandes ventanales con vistas a elementos naturales: No se trata solo de "tener luz". Se trata de conexión visual con el exterior, con el cambio de estaciones, con el movimiento de los árboles, con el ritmo natural del día. Incluso ver el cielo marca una diferencia medible en el bienestar.


Luz natural como protagonista: Diseñar para que la luz del día entre profundo en el espacio, cambie a lo largo del día, marque ritmos circadianos naturales. La luz artificial debe complementar, no reemplazar.


Patrones y formas naturales: Fractales, proporciones orgánicas, curvas en lugar de solo líneas rectas. Estos patrones se procesan más fácilmente en el cerebro porque son familiares a nivel evolutivo.


Lo fascinante es que no necesitas vivir en medio del bosque para beneficiarte de esto. Incluso incorporar elementos naturales en un apartamento urbano tiene efectos medibles: una vista a un parque, plantas reales, materiales de madera, luz natural bien aprovechada.


Por qué esto te importa (aunque no seas arquitecto)


Porque pasas el 90% de tu vida en espacios cerrados. Tu casa, tu oficina, la cafetería donde trabajas, el gimnasio donde entrenas, la escuela de tus hijos.


Cada uno de esos lugares está afectando tu estado de ánimo, tu energía, tu creatividad y tu salud. Algunos te están apoyando; otros te están drenando. Y cuando entiendes los principios básicos de la neuroarquitectura, puedes tomar decisiones más conscientes sobre los espacios que habitas.


No se trata de remodelar completamente tu vida. Se trata de entender el lenguaje que los espacios hablan y hacer ajustes estratégicos que tengan impacto real.


Ana Mombiedro nos está dando herramientas para entender cómo funcionan los espacios: cómo leerlos, cómo mejorarlos, cómo crear (o pedir) ambientes que realmente apoyen nuestro bienestar. Es democratizar el conocimiento que antes solo tenían los profesionales del diseño.


Empieza aquí: 3 cambios que puedes hacer hoy


No necesitas una remodelación completa. Empieza con esto:


1. Haz un inventario sensorial de tu espacio principal


Siéntate en tu sala o tu dormitorio y haz este ejercicio consciente:


  • Vista: ¿Qué ves? ¿Hay desorden visual? ¿Demasiados colores compitiendo? ¿O muy poco estímulo?

  • Oído: Cierra los ojos. ¿Qué sonidos hay? ¿Ruido constante de tráfico? ¿Zumbido de electrodomésticos? ¿O silencio agradable?

  • Tacto: Toca las superficies. ¿Son acogedoras? ¿Frías? ¿Invitan a quedarte?

  • Olfato: ¿Huele a fresco? ¿Neutro? ¿Hay olores persistentes?

  • Temperatura: ¿Es confortable? ¿Hay corrientes de aire? ¿Zonas frías y calientes?


Identifica qué estímulo te está robando energía sin que lo notes. Ese es tu punto de partida.


2. Rediseña un espacio por su sensación, no por su nombre


Elige una habitación y reformula su propósito:


  • ¿Tu "oficina en casa" necesita ser realmente una "zona de concentración profunda"?

  • ¿Tu "dormitorio" debería ser un "santuario de descanso"?


Luego pregúntate: si este espacio existiera solo para esa sensación, ¿qué cambiaría? Tal vez sea tan simple como:


  • Quitar la televisión del dormitorio

  • Añadir una planta grande a tu zona de trabajo

  • Cambiar las luces frías por cálidas en el espacio de reunión familiar

  • Crear una zona de transición en la entrada donde "dejar el día" antes de entrar completamente


3. Incorpora un elemento natural esta semana


No necesitas un jardín zen. Prueba con:


  • Una planta real (no de plástico) en un lugar donde pasas tiempo

  • Abrir las cortinas completamente durante el día

  • Reemplazar un objeto sintético por su versión natural (una tabla de madera en lugar de plástico, una alfombra de fibra natural)

  • Cambiar el protector de pantalla de tu computadora por una imagen de naturaleza (sí, incluso esto tiene efecto medible)


La revolución silenciosa


La neuroarquitectura no es una moda pasajera. Es un cambio fundamental en cómo entendemos la relación entre espacio y bienestar.

Durante siglos, diseñamos edificios pensando principalmente en lo estructural y lo estético. Ahora estamos añadiendo una tercera dimensión igual de importante: lo neurológico. Cómo afecta tu cerebro, tu sistema nervioso, tu salud mental y física.


Ana Mombiedro y otros investigadores están construyendo el puente entre la neurociencia y el diseño, dándonos las herramientas para crear espacios que no solo funcionen o se vean bien, sino que nos hagan sentir bien de maneras que podemos medir y optimizar.


Porque al final, no se trata de construir edificios bonitos. Se trata de construir vidas más plenas, más sanas, más conscientes.


Y eso, eso sí que es arquitectura que importa.


¿Qué espacio de tu vida necesita urgentemente un rediseño pensado desde la neurociencia? Empieza por ahí. Tu cerebro te lo agradecerá.

 
 
 

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